Rafael Nadal mostró su mejor tenis para vencer a un luchador Diego Schwartzman

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En la vida hay cosas que es preciso hacer en algún momento para sentirse pleno. Tener hijo, escribir un libro, plantar un árbol… Quizá haya llegado el momento de añadir a ese tópico el hecho de presenciar un partido de Rafael Nadal en un torneo como Roland Garros 2020. Pocos espectáculos deportivos puede haber más notables que presenciar cómo el español devora a sus rivales como si la Philippe Chatrier fuese una madriguera sin escapatoria para ellos. Al ralentí durante la primera semana, carburando poco a poco y aprovechándose del hándicap de tener rivales históricamente cómodos para él o demasiado bisoños como para inquietarle seriamente antes de salir a cancha, el balear está ya en la final tras deshacerse de Diego Schwartzman por 6-3 6-3 7-6 (0), en un partido memorable del número 2 del mundo.

Para quien no haya visto el partido, el marcador puede llevar a equívocos ya que el argentino luchó hasta el final y vendió muy cara su piel durante todo el encuentro. El primer parcial fue una batalla sin cuartel, una oda al tenis por parte de dos hombres cómodos desde el fondo de pista, agresivos en sus tiros y que buscaban soluciones para desbordarse uno al otro. Tiempo y esfuerzo. Fue lo que se invirtió durante nueve maratonianos juegos repletos de alternativas. Nadal imponía un diferencial con un tres factores que le otorgaban ventaja respecto a su rival: mayor mordiente con el saque, sobre todo, en momentos cumbre, un revés mucho más incisivo que en partidos anteriores y con capacidad para cambiar alturas y su capacidad para soltar drives paralelos desde el inicio, sin tener que encontrar confianza y aire en el marcador.

Lejos de venirse abajo por la buena imagen mostrada sin recibir premio, el Peque redobló su agresividad en la pista durante la segunda manga, pero perdió algo de consistencia. Rafa carburaba a toda máquina y encadenó varios juegos sin fisura alguna en su juego, desplegando ese característico molinillo de piernas y brazos que va arrinconando poco a poco a su rival hasta desesperarlo. Le costaba horrores al argentino sacar adelante sus juegos al servicio, teniendo Nadal una clarividencia difícilmente superable con el resto. Dos breaks, solidez al servicio y tierra de por medio en el marcador, haciendo que los sueños de rebelión de su contrincante tuvieran que acogerse a la quimera de remontar una desventaja de dos parciales abajo.

El tercer set fue un carrusel permanente de roturas de saque, con Diego manteniendo una actitud inmejorable y buscando resquicios en la muralla que tenía enfrente. Se aferró al partido con uñas y dientes cuando iba 4-2 abajo y forzó al español a desplegar su mejor rendimiento, poniéndole en serios aprietos en un undécimo juego memorable. 12 minutos de batalla con alternativas para ambos, incluyendo cuatro bolas de break para Schwartzman salvadas de manera magistral por el de Manacor.

Se llegó a un tiebreak donde se vivieron momentos mágicos de tenis y emoción. Rafa salió absolutamente desencadenado, dispuesto a imponer su autoridad y sofocar la reacción de su contrincante. Poco pudo hacer Diego Schwartzman, incapaz de responder a la velocidad de bola e intensidad de piernas impuestas por el español. Cometió algún error a destiempo y se vio lejos en el marcador. Quince años después de la primera, Rafael Nadal se mete en semifinales y luchará por un nuevo título en Roland Garros 2020. Espera rival del duelo entre Djokovic y Tsitsipas, y llegará pletórico de confianza tras esta exhibición de poderío.

Nota tomada de: Punto de Break

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